La entrevista
Beatriz Sabogal, una vida dedicada a comprender las estrellas
La profesora Beatriz Eugenia Sabogal Martínez es física de la Universidad Nacional de Colombia, magíster en Ciencias Exactas con mención en Física de la Pontificia Universidad Católica de Chile y doctora en Ciencias Físicas de la Universidad de Concepción Chile. Actualmente es profesora asociada del Departamento de Física de la Universidad de los Andes. Sus investigaciones han estado relacionadas con la astrofísica estelar, particularmente el estudio espectroscópico de estrellas Be, discos circunestelares y técnicas observacionales aplicadas al análisis de poblaciones estelares. También ha contribuido a la formación de nuevas generaciones de astrónomos, y físicos en Colombia. En esta edición de eSPECTRA conversamos con ella sobre su recorrido académico, los desafíos de hacer ciencia en Latinoamérica y las oportunidades que ofrece la astronomía para las nuevas generaciones.
Entrevistador: Nicolás Molina (NM)
Entrevistado: Beatriz Eugenia Sabogal (BS)
NM: Buenos días, profesora Beatriz Sabogal, primero que todo, agradecerte por esta breve entrevista. Para comenzar, me gustaría que nos comentaras de forma resumida, una presentación tuya, puede ser como documentando una historia de vida, tu experiencia en la formación y en la investigación…
BS: Claro que sí.
BS: Yo soy del Quindío, de Calarcá, y me vine con mi familia cuando terminé el colegio para poder estudiar una carrera, porque allá no había una oferta directa en ciencias y yo quería ser astrónoma. Entonces nos vinimos para Bogotá y, gracias a Dios, pude entrar a la Universidad Nacional. El primer semestre que llegué no estuve estudiando, pero pude conocer a los profesores del observatorio, y tomar un curso de mecánica celeste con el profesor Gregorio Portilla. Mi papá, a través de alguien del ámbito del arte que conocía a Gregorio, me contactó con el observatorio y ahí pude estar en ese curso, lo que me motivó todavía mucho más con la astronomía. Luego entré a la carrera de física, y fue curioso porque en ese tiempo había un curso de astronomía dentro del pénsum, y justo en el semestre que entré lo quitaron. Seguí con la carrera, pero también tomando cursos en el observatorio. Hice mi tesis con los profesores Armando Higuera, Antonio Uribe y Eduardo Brieva, quienes fueron mis asesores en ese momento. Después me fui a hacer la maestría en la Universidad Católica de Chile y luego el doctorado en la Universidad de Concepción, también en Chile. En ambos casos, los programas eran en física, pero la tesis fue en astronomía. Allá tuve la oportunidad de ir a observar y tomar datos en telescopios en Chile, y esa era el área que me gustaba: la parte observacional. Al terminar el doctorado, hubo un concurso profesoral en la Universidad de los Andes. Mi esposo y yo nos habíamos ido al tiempo a hacer nuestros estudios afuera; ambos postulamos y obtuvimos las plazas de profesores de planta. Estamos trabajando ahí desde el año 2008 en el Departamento de Física de la Universidad de los Andes, y formo parte del grupo de astronomía. En este momento somos cuatro profesores en el grupo: uno dedicado a la cosmología, dos son observacionales en variabilidad estelar y temas afines, y el otro se dedica a la instrumentación y la investigación en astrofísica estelar. Esa ha sido mi trayectoria hasta el momento.
NM: Interesante. Me dices en tu presentación que desde niña querías ser astrónoma. ¿cómo fue ese acercamiento a la astronomía? ¿en qué momento de tu vida dijiste "quiero ser astrónoma" y qué evento desencadenó esa voluntad para tu futuro?
BS: Mira que no tengo un momento específico en el que pudiera decir que eso pasó. Siento que siempre estuvo en mí desde que tengo memoria. Desde los 4 o 5 años siempre miraba al cielo y me encantaba. Eran tiempos en donde normalmente la contaminación lumínica era baja, y en el pueblo del que provengo, al ser muy pequeño, la contaminación lumínica era aún mucho menor; el cielo era bastante claro y se podían ver muy bien las estrellas, las constelaciones e incluso los cúmulos, que en ese entonces no sabía qué eran, pero cuando empecé a leer sobre el tema me di cuenta de ello. Mi papá era escritor y periodista, leía mucho y siempre lo recuerdo hablando de temas de extraterrestres y ese tipo de cosas; leía libros sobre estos asuntos, le leía a mi mamá y yo escuchaba. Creo que esas lecturas generaron mucha motivación en mi infancia. También en el colegio tuve la oportunidad de entrar en una educación diversificada en CASD (Centros Auxiliares de Servicios Docentes). Hice la opción en ciencias y había una clase en donde nos daban algo de astronomía, era algo muy básico, pero era lo suficiente como para permitir que esa motivación que había desarrollado no se apagara. No hubo un momento exacto; siempre fue lo que me apasionó y leía lo que pudiera sobre el tema. De hecho, de regalo de Navidad al terminar el colegio pedí un telescopio. Era un telescopio chiquito comprado de segunda, porque allá no había forma de traerlo y eran otros tiempos donde no se pedía por Amazon, pero fue una oportunidad muy bonita que me brindaron mis papás y aprendí a usar ese telescopio casero.
NM: ¿Y eras consciente de si había un camino para seguir como astrónoma desde donde estabas? ¿Lo planeaste así o pensaste que en Colombia no se podría?
BS: En ese tiempo era muy escaso lo que se podía hacer. Sin embargo, como me gradué muy joven —tenía 15 años cuando terminé el colegio—, dependía mucho de mis padres, ante lo cual estoy muy agradecida porque fueron un apoyo demasiado importante. Con ellos pensamos en postular a becas para el exterior. Postulé y salieron; sin embargo, como era menor de edad, me decían que me la podían guardar para más adelante. Fue cuando mi mamá decidió que nos viniéramos a buscar opciones en la Universidad Nacional o mirar si había mejores posibilidades en Bogotá. Lo que yo pensaba era que en algún momento probablemente me iría al exterior a estudiar astronomía. En ese tiempo, toda la gente me decía: "Ah, entonces se va a ir a la NASA", porque la astronomía se asociaba directamente con la NASA, al menos en mi pueblo natal, Calarcá. Era una proyección hacia el exterior; yo decía que no sabía si a la NASA o no, pero quería algo para poder estudiar astronomía. No sabía realmente cómo era una carrera científica, pero lo fui aprendiendo en el camino.
NM: Profe Beatriz, nos gustaría saber si a lo largo de ese camino en tu formación como astrónoma has tenido obstáculos o desafíos grandes que hayas tenido que abordar, tanto en el ámbito académico como en lo que rodea a la humanidad misma (conflictos, factores culturales, etc.). ¿Podrías hablarnos un poco de esos obstáculos?
BS: Creo que un obstáculo pudo haber sido el venir de una región, ya que no es tan fácil el camino —como creo—, lo sería haberse formado en la ciudad. Incluso, aunque la formación académica de mi colegio era de las mejores allá, no estaba al nivel de los buenos colegios de Bogotá. Sin embargo, la visión y cultura de mi familia me permitió sobrellevar este obstáculo. En cuanto a aspectos culturales, fue difícil enfrentar otra cultura al irme a otro país. Yo iba con mi esposo y eso nos ayudó bastante. Enfrentamos, en cierta manera, la discriminación por ser colombianos. A pesar de que fue en Chile, donde uno esperaría que no pasara, sí hubo discriminación y fue algo complicado. Pero cuando tu motivación es salir adelante y lograr la meta, superas esas cosas con la ayuda de Dios y con esa motivación profunda. Por otro lado, la formación académica que llevaba, aunque era buena por haberme graduado en la Universidad Nacional, tenía sus dificultades porque en el área de astronomía no había demasiada formación en ese entonces. A veces pasaba que nuestro profesor director nos decía: "Listo, hay una oportunidad de ir a observar, vaya, observe y aprenda", pero sin una formación previa al respecto. Eso fue un desafío que también se logró superar. Otra cosa compleja en su momento fue el inglés. Hoy en día los chicos en las universidades tienen que ver inglés y tener un nivel muy bueno, pero en aquel tiempo no era así. Enfrentarse a ir a observar con una persona extranjera que solo hablaba inglés y tratar de entenderle fue un proceso muy "con las uñas" y complicado. Hoy en día esas cosas ya no son un problema para los estudiantes, ellos tienen otros desafíos, pero esos fueron los míos. Más allá de eso, en cuanto a la parte de género, siempre le preguntan a uno, pero en mi caso no noté algo realmente complicado por ser mujer, así que por ese lado no hubo dificultades. Ya trabajando, siempre es un desafío tratar de mantener el balance entre todas las cosas que se nos piden como profesores: la docencia, la contribución dentro de la universidad y la investigación, para que no haya tiempos donde se investigue menos. Eso es lo más difícil en este momento para mí, porque hay semestres donde la investigación baja bastante para poder cumplir con el nivel en otras cosas, y eso tiene sus repercusiones a nivel de contribución internacional. Pero uno sigue avanzando. El hecho de tener estudiantes de posgrado y doctorado ayuda mucho y es un desafío a la vez, pues hay que formar personas y sacarlas adelante no solo en lo académico, sino también en su parte personal y profesional. Son desafíos que todos en la comunidad enfrentamos permanentemente y se logran sacar adelante.
NM: Es interesante lo que comentas respecto a afrontar sesgos de género, porque es habitual que al hablar con colegas, algunas hayan sentido cierta marginalidad por el hecho de ser mujeres. Me da curiosidad porque son historias de vida y hay un poco de azar en esas cosas.
BS: Sí, eso depende mucho de las personas con las que uno termine trabajando. En mi caso fue muy bueno. Como siempre cuento, solo tuve una experiencia en la que, cuando quedé embarazada —me faltaba como un año para terminar el doctorado—, mi profesor me preguntó: "¿Quieres seguir en la ciencia o quieres ser mamá?". Yo le dije que creía que podía con las dos cosas. La razón por la que él hizo esa pregunta tenía un trasfondo: su esposa es bióloga y, cuando estaba en el doctorado, quedó embarazada y no pudo seguir porque los reactivos, los horarios y el trabajo se le complicaron mucho. Su pregunta fue bienintencionada, yo lo tomé así, pero fue la única situación en donde sentí una presión relacionada al hecho de ser mujer. De resto, de verdad no pasó, y creo que son cosas de suerte y bendiciones; no a todas las personas les pasa lo mismo, pero en mi caso esa fue la situación.
NM: Me alegra saberlo; que haya colegas, mujeres, que no han tenido que lidiar con el machismo que, habitualmente, se concibe como parte de la cultura académica de la ciencia. Sigamos… ¿Hay personas a lo largo de tu trayectoria que hayan sido símbolos o referentes para la Beatriz que eres hoy en día y la investigadora que has logrado ser?
BS: Dentro de la parte humana, mis papás hicieron lo mejor para que yo pudiera llegar a lo que soy. También mi esposo, con él me encontré en el pregrado y desde entonces hemos sido un equipo, no solo en lo personal, sino académicamente, en la investigación, donde colaboramos y trabajamos muy de la mano. En la parte académica, uno siempre agradece a los profesores. En mi caso, fueron personas muy valiosas. Por ejemplo, el profesor Gregorio Portilla me recibió como asistente en un curso sin estar inscrita en la universidad, lo que me permitió vivir esa experiencia y aprender un montón de mecánica celeste. También mis directores de tesis: recuerdo mucho que el profesor Armando Higuera dejaba de trabajar en sus cosas para que uno pudiera sentarse a desarrollar la tesis y analizar los datos en su computadora, ya que no había muchos equipos. Esas cosas y sus consejos son muy valiosos. En el doctorado, mi director Ronald Mennickent, y en la maestría, el profesor Dante Minniti. Dante no solo fue una ayuda en lo académico; en su momento, como la beca era muy pequeña, él sacó de sus propios fondos para ayudarnos. Son personas que te forman como científico y como ser humano, y te enseñan cómo ser con tus propios estudiantes. También han sido muy importantes colaboradores científicos de Venezuela, como Katy Vieira y Jesús Hernández, y otros colaboradores en México. En este campo, para tener datos observacionales, necesitas colaborar con personas que tengan acceso a tiempo de observación en telescopios, como ocurre en México. Tocar la puerta, decirles que trabajas en estrellas Be, presentarles una propuesta y que te digan "listo, vamos a trabajar" es muy valioso. Nos han abierto las puertas y nos han dado acceso a datos supervaliosos para la investigación. Todo ese conjunto de cosas, incluyendo las universidades que dieron las becas, es lo que uno agradece.
NM: Excelente. Uno se da cuenta de que, dentro de todo, la astronomía es una red de cooperación. En mi experiencia, también he sentido ese espíritu cooperativo, y eso ha hecho el camino de formación científica más “llevadero”.
BS: Así es, total.
NM: Sigamos. La siguiente pregunta suelo hacérsela a todos los investigadores que he entrevistado, y está basada en la inquietud que genera afrontar el “terreno árido” de la ciencia. ¿cuáles son esos saberes fundamentales que crees que se deben tener para ser un buen investigador?
BS: Muchas veces me preguntan si es mejor ser directamente astrónomo o ser físico. Yo pienso que la física te da todas las herramientas que necesitas para ser un buen astrónomo. En ese sentido, los saberes fundamentales te los da una formación en física: primero, una fundamentación en matemáticas y física supremamente sólida (mecánica cuántica, electrodinámica, física de ondas, etc.). Todos esos cursos son muy valiosos y son una parte fundamental en el trabajo científico. Por otro lado, la parte computacional es indispensable hoy en día a partir del uso de herramientas como el machine learning y la inteligencia artificial; eso es clave independientemente de si te dedicas a la parte teórica u observacional. Entonces, se necesita fundamentación teórica, fundamentación computacional y, como herramienta básica, el idioma. También hay algo que debe estar en uno y no te lo enseñan al estudiar: por un lado, saber que el camino es difícil y requiere mucho trabajo. Como astrónomo observacional enfrentas cambios de horario al observar, o que tu investigación al final no dé el resultado esperado y parezca "trabajo perdido". Hay que ser muy fuerte emocionalmente para sobrellevar eso. La fortaleza emocional para seguir adelante a pesar de los desafíos es clave, porque el camino de la ciencia es maravilloso, pero muy difícil. Además, está la capacidad de desarrollar ideas y generar propuestas junto a los estudiantes; decir "no nos dio por este lado, ¿qué otra cosa se nos ocurre?". Una vez solucionada una pregunta de investigación, pensar qué otras generar. Eso no se enseña, debe ser innato: el gusto por la investigación y la capacidad de generar los pasos para llegar a ella. Eso es lo más básico, va más allá del método científico tradicional que nos enseñan en cualquier universidad.
NM: Perfecto. Me gustaría ahora indagar un poco en tu campo. Sé que estudias estrellas Be y los discos de material que las rodean. Sabiendo que te apasiona la astronomía desde niña, ¿cómo escogiste este campo que, para empezar, es muy exótico dentro de la misma astronomía?
BS: Cuando hice el pregrado en la Universidad Nacional estuve trabajando en cúmulos estelares y medición de distancias, y ahí me encantó la astrofísica estelar. A mucha gente le gusta la parte cosmológica o los agujeros negros, pero yo me enamoré de la parte estelar en el pregrado; eso me gustó demasiado. Al llegar al doctorado, te presentan los profesores de la universidad y sus temas de investigación para que elijas. De las opciones que había, un profesor trabajaba en cúmulos, pero también estaba el profesor Ronald Mennickent, que trabajaba con estas estrellas. Me pareció algo nuevo y distinto a lo que ya había visto, pero seguía siendo estelar. Estas estrellas son exóticas porque generan su propio disco de materia y rotan demasiado rápido, por lo que su forma es achatada; además, son variables y esa variabilidad no se entiende por completo. Llevamos más de 150 años desde que se descubrieron y todavía no estamos claros en el tema. Ver eso y notar que era algo apasionante por entender fue lo que me motivó a trabajar con el profesor Ronald y empezar a investigar las estrellas Be.
NM: Nos hablas de 150 años de exploración para la comprensión de la dinámica de esta tipología de estrellas. Por favor, coméntanos sobre las preguntas que siguen abiertas y los retos que hay alrededor del estudio de estas estrellas, más allá de la variabilidad que ya nos explicaste, no tiene aún una explicación definitiva…
BS: Como introducción, sabemos que estas estrellas tienen una rotación muy rápida, cercana a la velocidad crítica, es decir, donde la masa puede ser eyectada de la estrella porque se equilibra la fuerza gravitacional con la centrífuga. El material sale, pero para ello se necesita un impulso adicional porque están cerca, pero no en la velocidad crítica. Se piensa que ese impulso se debe a pulsaciones no radiales; hay otras explicaciones, pero esta es la más aceptada y verificada por ahora. Esto significa que la estrella no pulsa hacia afuera desde el centro como una cefeida, sino que varía en diferentes modos de pulsación, generando una eyección de masa de manera irregular que forma un disco. Este se llama disco de decreción porque la estrella lo forma de su propia masa, no lo acreta de otra estrella. Este disco aparece y desaparece en el tiempo en algunas estrellas Be; en otras permanece estable, y en algunas aparece uno mientras desaparece otro. No entendemos del todo la variabilidad porque hay demasiados tipos de evolución del disco y de variabilidad observada. Todas son estocásticas, pero algunas tienen erupciones o outbursts supremamente grandes y otras muy pequeñas. Una de las preguntas fundamentales del fenómeno Be es cómo se forma el disco; hay propuestas, pero aún no hay una teoría definitiva. Otra serie de preguntas abiertas es cómo evoluciona el disco, y qué factores afectan esa evolución y por qué en unas estrellas es estable y en otras cambia en escalas de tiempo corto o rápido… También se investiga si la metalicidad de la galaxia o de la región donde está la estrella influye en la formación y evolución del disco, para lo cual estudiamos cúmulos en diferentes partes de nuestra galaxia y en otras galaxias. Otra gran incógnita es si las estrellas Be nacen o se hacen en el camino. Una estrella Be es una estrella de tipo espectral B que presenta líneas de emisión de Balmer en algún momento de su historia, pero no se sabe si todas las estrellas B se vuelven Be, si sólo ocurre en algunas o si desde el inicio nacen con esa propiedad de eyectar masa. Esas son las preguntas fundamentales. Recientemente, mediante análisis de espectros en el infrarrojo, hemos confirmado correlaciones muy claras entre la variabilidad del disco en el infrarrojo y lo que se ve en el óptico. Están muy conectados, lo cual se esperaba, pero son observaciones recientes que lo confirman. Aún falta un montón por responder e investigar.
NM: Claro. Todos estos avances han venido acompañados del bum tecnológico que hemos vivido, en ese sentido me pregunto ¿Cómo ha transformado la tecnología tu campo de investigación?
BS: Ha cambiado muchísimo. Cuando arranqué mi doctorado en el año 2002, apenas empezaban a salir y a investigarse los datos en infrarrojo; antes de eso todo era en el óptico. También empezaban las investigaciones en rayos X. Veintitantos años después, las observaciones en infrarrojo siguen dando muchos resultados, pero se ha mejorado mucho en resolución y en las diferentes bandas que se pueden observar simultáneamente. Esto ha cambiado por completo la investigación. Los avances tecnológicos han sido enormes en la parte observacional, al igual que en rayos X, donde se han podido estudiar efectos directos de la evolución de estrellas Be en sistemas binarios. Además, los nuevos telescopios permiten obtener datos de estrellas Be en otras galaxias, lo que esperamos que a futuro nos dé más información sobre la metalicidad. En la parte computacional, el machine learning nos ha servido muchísimo; nos permite analizar montones de datos con mayor rapidez. Ya no hacemos catálogos por inspección visual o "a mano", sino que con estas técnicas los resultados se obtienen mucho más rápido, permitiendo explorar y minar los terabytes de datos que generan los nuevos telescopios. Tener muchos catálogos mejora la estadística de las estrellas Be. Como hay tanta diversidad y variabilidad, podemos empezar a clasificar por grupos y ver qué características predominan. Se nota bastante el efecto de la tecnología.
NM: Qué bueno que la tecnología, a este respecto, sea un apoyo legítimo. La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta muy poderosa para la astronomía.
BS: Sí, es demasiado buena.
NM: Cambiando un poco de tema, mirando hacia el futuro, ¿consideras que hay alguna pregunta importante en la astronomía en general, no necesariamente de tu campo, que consideres fundamental y que pueda transformar la ciencia?
BS: Una de las preguntas fundamentales en la ciencia y en la astronomía está relacionada con la materia oscura y la energía oscura. Responder eso cambiaría la historia de la ciencia, y aunque seguro surgirán más preguntas, tener claridad sobre cómo esto afecta la expansión del universo sería lo máximo. Muchos de los proyectos observacionales actuales apuntan a eso, como el telescopio James Webb o el Telescopio Extremadamente Grande (ELT) que están construyendo en Chile. También está el estudio de los sistemas de planetas extrasolares, que es un tema muy novedoso y llamativo, pero considero que la pregunta más relevante en este momento sigue siendo la de la materia y energía oscura.
NM: Agradezco tu respuesta, continuando por este hilo, ¿Hay algún área de investigación que consideres especialmente prometedora para los astrónomos que vienen en camino?
BS: Te daré una respuesta un poco romántica. La mayoría de los científicos hacemos esto por el conocimiento y el deseo de comprender el universo. En ese sentido, todas las áreas tienen su importancia. Incluso dentro de nuestro propio sistema solar hay demasiado por conocer, como el trabajo que hace Santiago Vargas respecto al Sol. Desde un punto de vista más pragmático, los planetas extrasolares son algo muy novedoso, al igual que el tema de las ondas gravitacionales. Si alguien quiere hacer algo nuevo y destacar, la expansión del universo y la cosmología son tópicos hacia donde está apuntando mucho la investigación. Sin embargo, lo importante para las nuevas generaciones es enfocarse en ser muy buenos en la parte computacional y en la astroestadística, porque esas serán las herramientas necesarias por muchos años, independientemente del área que elijan.
NM: Perfecto. Pensando en estas áreas y en la astronomía en general, ¿cómo has visto el crecimiento de esta disciplina en Latinoamérica y en Colombia? Desde tu experiencia, ¿has percibido un crecimiento gradualmente exponencial?
BS: No sabría decirte si exactamente exponencial, pero sí ha sido un crecimiento muy rápido y motivador para quienes hemos tenido la oportunidad de presenciarlo. Yo soy la primera mujer con doctorado en astronomía en Colombia, y hoy en día sé que somos muchas colegas doctoras trabajando en las universidades del país, además de todas las que están en el exterior haciendo ciencia y trayendo ese conocimiento de vuelta. El crecimiento en general ha sido impresionante. Quienes en nuestro tiempo queríamos ser astrónomos hoy estamos dedicados a esto y contribuyendo a la ciencia a nivel internacional. Hay una gran diversidad en áreas de investigación y en el trabajo que se hace en las universidades, ya sea como profesores de planta, de cátedra o en la divulgación. Es maravilloso ver que ahora tenemos estudiantes doctores formados en nuestro propio país que están haciendo sus posdoctorados en el exterior. Esto es una muestra de desarrollo en nuestro campo en Colombia sin precedentes.
NM: ¿Y cómo ves el futuro? ¿Crees que este comportamiento continúe? ¿Cómo ves el panorama del apoyo gubernamental a la astronomía y a la ciencia, tanto a nivel nacional como internacional?
BS: Hay dos puntos de vista. En cuanto al apoyo de los gobiernos, creo que se mantiene, pero hoy en día se exige mucho que la investigación sea aplicada directamente a la sociedad. En mi opinión, esto es un problema porque dificulta acceder a la financiación para la ciencia básica. Si estás investigando agujeros negros, no es fácil demostrar cómo eso soluciona los problemas inmediatos de una comunidad, lo que genera desmotivación entre los colegas que dejan de postular. Lo ideal sería financiar ambas cosas. Por otro lado, sigue habiendo mucho apoyo para la formación de estudiantes. Sin embargo, a nivel laboral la situación está más complicada debido a la falta de recursos y a las exigencias de financiación. A los estudiantes recién egresados del doctorado les cuesta mucho encontrar puestos de posdoctorado; cuando abrimos una plaza aquí en Colombia, postulan 20 o 30 personas, e imagínate en el exterior. También notamos cierta desmotivación en los jóvenes por las carreras académicas largas; prefieren carreras cortas o salir a trabajar en la ciencia de datos por el beneficio económico. Al final, la cantidad de personas que se quedan en la ciencia es menor y la motivación está bajando, lo cual no es un panorama tan positivo.
NM: ¿A qué crees que se deba este comportamiento social alrededor de la ciencia?
BS: Se discute que las nuevas generaciones están acostumbradas a la inmediatez, y una carrera científica es todo lo opuesto a eso. Por eso solo continúan los que son supremamente apasionados. Además, mucha gente entra a carreras como física motivada por videos de divulgación científica, que es esencial, pero a veces genera una visión equivocada de que la investigación es fácil y rápida. Los videos muestran los resultados finales en unos minutos, pero no muestran los 4 o 5 años de arduo trabajo que hubo detrás, ni la dura formación académica que se necesita (como cursar mecánica cuántica a nivel de posgrado). Al enfrentarse a la realidad en los primeros semestres, se desmotivan. Hemos hablado con divulgadores en la universidad para intentar mostrar también lo duro del proceso junto a lo bonito, para no tergiversar la idea.
NM: ¿Has visto estadísticas de deserción en las carreras científicas debido a esto?
BS: Sí, hay una clara evidencia. En la Universidad de los Andes tenemos un número alto de inscritos en física, pero muchos se retiran en los primeros semestres al ver que no era lo que esperaban. Esto es un fenómeno internacional; en reuniones con colegas de Europa y Estados Unidos vemos que está pasando exactamente lo mismo.
NM: Eso me lleva a profundizar en lo que mencionas. ¿Cuáles son los errores o concepciones erróneas más comunes que suelen tener las personas al acercarse por primera vez a estas profesiones?
BS: El principal error es pensar que es un camino fácil y rápido. Ves un video donde te muestran una investigación, pero omiten todo el proceso de años de esfuerzo porque los medios necesitan ser rápidos. La gente no calcula que se requieren años de investigación y una formación muy dura. Como mencionaba antes, ser astrónomo observacional no te exime de necesitar saber mecánica cuántica. El nivel de posgrado es exigente, y la perspectiva de pasar tantos años estudiando espanta a quienes no conocen esta realidad a través de la divulgación. Por eso buscamos que la divulgación cuente tanto lo hermoso como lo difícil de la carrera.
NM: Para contrastar ese panorama un tanto difícil de frente al lado gratificante, ¿qué es lo más satisfactorio de estudiar e investigar el universo?
BS: Para mí lo más gratificante es entender cómo funcionan las distintas partes de este universo. Cuando era niña miraba el cielo y me preguntaba cómo funcionaba; ahora poder decir que en muchos aspectos ya lo entiendo es una satisfacción personal enorme. Además, está la gratificación de enseñarlo a otros. Cuando ves a un estudiante hablar del tema y volverse más experto que tú, sientes que estás dejando un legado de conocimiento.
NM: Es una respuesta muy bonita, Beatriz; al final, ese es el fin del conocimiento: legarlo a las siguientes generaciones. Para cerrar, me gustaría que le dejaras un mensaje a los lectores de nuestra revista, teniendo en cuenta que muchos son jóvenes que sueñan con contribuir a este campo, o aficionados apasionados por la divulgación y por contemplar una noche estrellada.
BS: Para todos los amantes de la astronomía, ya sea desde la ciencia o la divulgación, lo más importante es nunca perder la pasión. En la vida siempre habrá desafíos que nos hagan dudar de lo que hacemos, pero hay que mantener esa motivación a lo largo del tiempo. La astronomía es la disciplina que más humildad nos enseña, recordándonos que no lo sabemos ni lo podemos todo. Estamos en el camino de contribuir; cada granito de arena, ya sea desde la astronomía aficionada (cuyos datos son sumamente valiosos) o desde el ejercicio profesional de lleno, es un aporte valioso para la ciencia y la humanidad. Nunca pierdan esa motivación.
NM: Te agradezco muchísimo por la entrevista, Beatriz. La edición saldrá la primera semana de agosto, así que te enviaré la transcripción previamente para que la revises. ¡Muchísimas gracias, un gusto conocerte!
BS: Igualmente, un gusto. Gracias por la entrevista y por la oportunidad; estamos disponibles para colaborar. ¡Que estés muy bien! Chao.
Entrevistador: Nicolás Molina (NM)
Entrevistado: Beatriz Eugenia Sabogal (BS)
NM: Buenos días, profesora Beatriz Sabogal, primero que todo, agradecerte por esta breve entrevista. Para comenzar, me gustaría que nos comentaras de forma resumida, una presentación tuya, puede ser como documentando una historia de vida, tu experiencia en la formación y en la investigación…
BS: Claro que sí.
BS: Yo soy del Quindío, de Calarcá, y me vine con mi familia cuando terminé el colegio para poder estudiar una carrera, porque allá no había una oferta directa en ciencias y yo quería ser astrónoma. Entonces nos vinimos para Bogotá y, gracias a Dios, pude entrar a la Universidad Nacional. El primer semestre que llegué no estuve estudiando, pero pude conocer a los profesores del observatorio, y tomar un curso de mecánica celeste con el profesor Gregorio Portilla. Mi papá, a través de alguien del ámbito del arte que conocía a Gregorio, me contactó con el observatorio y ahí pude estar en ese curso, lo que me motivó todavía mucho más con la astronomía. Luego entré a la carrera de física, y fue curioso porque en ese tiempo había un curso de astronomía dentro del pénsum, y justo en el semestre que entré lo quitaron. Seguí con la carrera, pero también tomando cursos en el observatorio. Hice mi tesis con los profesores Armando Higuera, Antonio Uribe y Eduardo Brieva, quienes fueron mis asesores en ese momento. Después me fui a hacer la maestría en la Universidad Católica de Chile y luego el doctorado en la Universidad de Concepción, también en Chile. En ambos casos, los programas eran en física, pero la tesis fue en astronomía. Allá tuve la oportunidad de ir a observar y tomar datos en telescopios en Chile, y esa era el área que me gustaba: la parte observacional. Al terminar el doctorado, hubo un concurso profesoral en la Universidad de los Andes. Mi esposo y yo nos habíamos ido al tiempo a hacer nuestros estudios afuera; ambos postulamos y obtuvimos las plazas de profesores de planta. Estamos trabajando ahí desde el año 2008 en el Departamento de Física de la Universidad de los Andes, y formo parte del grupo de astronomía. En este momento somos cuatro profesores en el grupo: uno dedicado a la cosmología, dos son observacionales en variabilidad estelar y temas afines, y el otro se dedica a la instrumentación y la investigación en astrofísica estelar. Esa ha sido mi trayectoria hasta el momento.
NM: Interesante. Me dices en tu presentación que desde niña querías ser astrónoma. ¿cómo fue ese acercamiento a la astronomía? ¿en qué momento de tu vida dijiste "quiero ser astrónoma" y qué evento desencadenó esa voluntad para tu futuro?
BS: Mira que no tengo un momento específico en el que pudiera decir que eso pasó. Siento que siempre estuvo en mí desde que tengo memoria. Desde los 4 o 5 años siempre miraba al cielo y me encantaba. Eran tiempos en donde normalmente la contaminación lumínica era baja, y en el pueblo del que provengo, al ser muy pequeño, la contaminación lumínica era aún mucho menor; el cielo era bastante claro y se podían ver muy bien las estrellas, las constelaciones e incluso los cúmulos, que en ese entonces no sabía qué eran, pero cuando empecé a leer sobre el tema me di cuenta de ello. Mi papá era escritor y periodista, leía mucho y siempre lo recuerdo hablando de temas de extraterrestres y ese tipo de cosas; leía libros sobre estos asuntos, le leía a mi mamá y yo escuchaba. Creo que esas lecturas generaron mucha motivación en mi infancia. También en el colegio tuve la oportunidad de entrar en una educación diversificada en CASD (Centros Auxiliares de Servicios Docentes). Hice la opción en ciencias y había una clase en donde nos daban algo de astronomía, era algo muy básico, pero era lo suficiente como para permitir que esa motivación que había desarrollado no se apagara. No hubo un momento exacto; siempre fue lo que me apasionó y leía lo que pudiera sobre el tema. De hecho, de regalo de Navidad al terminar el colegio pedí un telescopio. Era un telescopio chiquito comprado de segunda, porque allá no había forma de traerlo y eran otros tiempos donde no se pedía por Amazon, pero fue una oportunidad muy bonita que me brindaron mis papás y aprendí a usar ese telescopio casero.
NM: ¿Y eras consciente de si había un camino para seguir como astrónoma desde donde estabas? ¿Lo planeaste así o pensaste que en Colombia no se podría?
BS: En ese tiempo era muy escaso lo que se podía hacer. Sin embargo, como me gradué muy joven —tenía 15 años cuando terminé el colegio—, dependía mucho de mis padres, ante lo cual estoy muy agradecida porque fueron un apoyo demasiado importante. Con ellos pensamos en postular a becas para el exterior. Postulé y salieron; sin embargo, como era menor de edad, me decían que me la podían guardar para más adelante. Fue cuando mi mamá decidió que nos viniéramos a buscar opciones en la Universidad Nacional o mirar si había mejores posibilidades en Bogotá. Lo que yo pensaba era que en algún momento probablemente me iría al exterior a estudiar astronomía. En ese tiempo, toda la gente me decía: "Ah, entonces se va a ir a la NASA", porque la astronomía se asociaba directamente con la NASA, al menos en mi pueblo natal, Calarcá. Era una proyección hacia el exterior; yo decía que no sabía si a la NASA o no, pero quería algo para poder estudiar astronomía. No sabía realmente cómo era una carrera científica, pero lo fui aprendiendo en el camino.
NM: Profe Beatriz, nos gustaría saber si a lo largo de ese camino en tu formación como astrónoma has tenido obstáculos o desafíos grandes que hayas tenido que abordar, tanto en el ámbito académico como en lo que rodea a la humanidad misma (conflictos, factores culturales, etc.). ¿Podrías hablarnos un poco de esos obstáculos?
BS: Creo que un obstáculo pudo haber sido el venir de una región, ya que no es tan fácil el camino —como creo—, lo sería haberse formado en la ciudad. Incluso, aunque la formación académica de mi colegio era de las mejores allá, no estaba al nivel de los buenos colegios de Bogotá. Sin embargo, la visión y cultura de mi familia me permitió sobrellevar este obstáculo. En cuanto a aspectos culturales, fue difícil enfrentar otra cultura al irme a otro país. Yo iba con mi esposo y eso nos ayudó bastante. Enfrentamos, en cierta manera, la discriminación por ser colombianos. A pesar de que fue en Chile, donde uno esperaría que no pasara, sí hubo discriminación y fue algo complicado. Pero cuando tu motivación es salir adelante y lograr la meta, superas esas cosas con la ayuda de Dios y con esa motivación profunda. Por otro lado, la formación académica que llevaba, aunque era buena por haberme graduado en la Universidad Nacional, tenía sus dificultades porque en el área de astronomía no había demasiada formación en ese entonces. A veces pasaba que nuestro profesor director nos decía: "Listo, hay una oportunidad de ir a observar, vaya, observe y aprenda", pero sin una formación previa al respecto. Eso fue un desafío que también se logró superar. Otra cosa compleja en su momento fue el inglés. Hoy en día los chicos en las universidades tienen que ver inglés y tener un nivel muy bueno, pero en aquel tiempo no era así. Enfrentarse a ir a observar con una persona extranjera que solo hablaba inglés y tratar de entenderle fue un proceso muy "con las uñas" y complicado. Hoy en día esas cosas ya no son un problema para los estudiantes, ellos tienen otros desafíos, pero esos fueron los míos. Más allá de eso, en cuanto a la parte de género, siempre le preguntan a uno, pero en mi caso no noté algo realmente complicado por ser mujer, así que por ese lado no hubo dificultades. Ya trabajando, siempre es un desafío tratar de mantener el balance entre todas las cosas que se nos piden como profesores: la docencia, la contribución dentro de la universidad y la investigación, para que no haya tiempos donde se investigue menos. Eso es lo más difícil en este momento para mí, porque hay semestres donde la investigación baja bastante para poder cumplir con el nivel en otras cosas, y eso tiene sus repercusiones a nivel de contribución internacional. Pero uno sigue avanzando. El hecho de tener estudiantes de posgrado y doctorado ayuda mucho y es un desafío a la vez, pues hay que formar personas y sacarlas adelante no solo en lo académico, sino también en su parte personal y profesional. Son desafíos que todos en la comunidad enfrentamos permanentemente y se logran sacar adelante.
NM: Es interesante lo que comentas respecto a afrontar sesgos de género, porque es habitual que al hablar con colegas, algunas hayan sentido cierta marginalidad por el hecho de ser mujeres. Me da curiosidad porque son historias de vida y hay un poco de azar en esas cosas.
BS: Sí, eso depende mucho de las personas con las que uno termine trabajando. En mi caso fue muy bueno. Como siempre cuento, solo tuve una experiencia en la que, cuando quedé embarazada —me faltaba como un año para terminar el doctorado—, mi profesor me preguntó: "¿Quieres seguir en la ciencia o quieres ser mamá?". Yo le dije que creía que podía con las dos cosas. La razón por la que él hizo esa pregunta tenía un trasfondo: su esposa es bióloga y, cuando estaba en el doctorado, quedó embarazada y no pudo seguir porque los reactivos, los horarios y el trabajo se le complicaron mucho. Su pregunta fue bienintencionada, yo lo tomé así, pero fue la única situación en donde sentí una presión relacionada al hecho de ser mujer. De resto, de verdad no pasó, y creo que son cosas de suerte y bendiciones; no a todas las personas les pasa lo mismo, pero en mi caso esa fue la situación.
NM: Me alegra saberlo; que haya colegas, mujeres, que no han tenido que lidiar con el machismo que, habitualmente, se concibe como parte de la cultura académica de la ciencia. Sigamos… ¿Hay personas a lo largo de tu trayectoria que hayan sido símbolos o referentes para la Beatriz que eres hoy en día y la investigadora que has logrado ser?
BS: Dentro de la parte humana, mis papás hicieron lo mejor para que yo pudiera llegar a lo que soy. También mi esposo, con él me encontré en el pregrado y desde entonces hemos sido un equipo, no solo en lo personal, sino académicamente, en la investigación, donde colaboramos y trabajamos muy de la mano. En la parte académica, uno siempre agradece a los profesores. En mi caso, fueron personas muy valiosas. Por ejemplo, el profesor Gregorio Portilla me recibió como asistente en un curso sin estar inscrita en la universidad, lo que me permitió vivir esa experiencia y aprender un montón de mecánica celeste. También mis directores de tesis: recuerdo mucho que el profesor Armando Higuera dejaba de trabajar en sus cosas para que uno pudiera sentarse a desarrollar la tesis y analizar los datos en su computadora, ya que no había muchos equipos. Esas cosas y sus consejos son muy valiosos. En el doctorado, mi director Ronald Mennickent, y en la maestría, el profesor Dante Minniti. Dante no solo fue una ayuda en lo académico; en su momento, como la beca era muy pequeña, él sacó de sus propios fondos para ayudarnos. Son personas que te forman como científico y como ser humano, y te enseñan cómo ser con tus propios estudiantes. También han sido muy importantes colaboradores científicos de Venezuela, como Katy Vieira y Jesús Hernández, y otros colaboradores en México. En este campo, para tener datos observacionales, necesitas colaborar con personas que tengan acceso a tiempo de observación en telescopios, como ocurre en México. Tocar la puerta, decirles que trabajas en estrellas Be, presentarles una propuesta y que te digan "listo, vamos a trabajar" es muy valioso. Nos han abierto las puertas y nos han dado acceso a datos supervaliosos para la investigación. Todo ese conjunto de cosas, incluyendo las universidades que dieron las becas, es lo que uno agradece.
NM: Excelente. Uno se da cuenta de que, dentro de todo, la astronomía es una red de cooperación. En mi experiencia, también he sentido ese espíritu cooperativo, y eso ha hecho el camino de formación científica más “llevadero”.
BS: Así es, total.
NM: Sigamos. La siguiente pregunta suelo hacérsela a todos los investigadores que he entrevistado, y está basada en la inquietud que genera afrontar el “terreno árido” de la ciencia. ¿cuáles son esos saberes fundamentales que crees que se deben tener para ser un buen investigador?
BS: Muchas veces me preguntan si es mejor ser directamente astrónomo o ser físico. Yo pienso que la física te da todas las herramientas que necesitas para ser un buen astrónomo. En ese sentido, los saberes fundamentales te los da una formación en física: primero, una fundamentación en matemáticas y física supremamente sólida (mecánica cuántica, electrodinámica, física de ondas, etc.). Todos esos cursos son muy valiosos y son una parte fundamental en el trabajo científico. Por otro lado, la parte computacional es indispensable hoy en día a partir del uso de herramientas como el machine learning y la inteligencia artificial; eso es clave independientemente de si te dedicas a la parte teórica u observacional. Entonces, se necesita fundamentación teórica, fundamentación computacional y, como herramienta básica, el idioma. También hay algo que debe estar en uno y no te lo enseñan al estudiar: por un lado, saber que el camino es difícil y requiere mucho trabajo. Como astrónomo observacional enfrentas cambios de horario al observar, o que tu investigación al final no dé el resultado esperado y parezca "trabajo perdido". Hay que ser muy fuerte emocionalmente para sobrellevar eso. La fortaleza emocional para seguir adelante a pesar de los desafíos es clave, porque el camino de la ciencia es maravilloso, pero muy difícil. Además, está la capacidad de desarrollar ideas y generar propuestas junto a los estudiantes; decir "no nos dio por este lado, ¿qué otra cosa se nos ocurre?". Una vez solucionada una pregunta de investigación, pensar qué otras generar. Eso no se enseña, debe ser innato: el gusto por la investigación y la capacidad de generar los pasos para llegar a ella. Eso es lo más básico, va más allá del método científico tradicional que nos enseñan en cualquier universidad.
NM: Perfecto. Me gustaría ahora indagar un poco en tu campo. Sé que estudias estrellas Be y los discos de material que las rodean. Sabiendo que te apasiona la astronomía desde niña, ¿cómo escogiste este campo que, para empezar, es muy exótico dentro de la misma astronomía?
BS: Cuando hice el pregrado en la Universidad Nacional estuve trabajando en cúmulos estelares y medición de distancias, y ahí me encantó la astrofísica estelar. A mucha gente le gusta la parte cosmológica o los agujeros negros, pero yo me enamoré de la parte estelar en el pregrado; eso me gustó demasiado. Al llegar al doctorado, te presentan los profesores de la universidad y sus temas de investigación para que elijas. De las opciones que había, un profesor trabajaba en cúmulos, pero también estaba el profesor Ronald Mennickent, que trabajaba con estas estrellas. Me pareció algo nuevo y distinto a lo que ya había visto, pero seguía siendo estelar. Estas estrellas son exóticas porque generan su propio disco de materia y rotan demasiado rápido, por lo que su forma es achatada; además, son variables y esa variabilidad no se entiende por completo. Llevamos más de 150 años desde que se descubrieron y todavía no estamos claros en el tema. Ver eso y notar que era algo apasionante por entender fue lo que me motivó a trabajar con el profesor Ronald y empezar a investigar las estrellas Be.
NM: Nos hablas de 150 años de exploración para la comprensión de la dinámica de esta tipología de estrellas. Por favor, coméntanos sobre las preguntas que siguen abiertas y los retos que hay alrededor del estudio de estas estrellas, más allá de la variabilidad que ya nos explicaste, no tiene aún una explicación definitiva…
BS: Como introducción, sabemos que estas estrellas tienen una rotación muy rápida, cercana a la velocidad crítica, es decir, donde la masa puede ser eyectada de la estrella porque se equilibra la fuerza gravitacional con la centrífuga. El material sale, pero para ello se necesita un impulso adicional porque están cerca, pero no en la velocidad crítica. Se piensa que ese impulso se debe a pulsaciones no radiales; hay otras explicaciones, pero esta es la más aceptada y verificada por ahora. Esto significa que la estrella no pulsa hacia afuera desde el centro como una cefeida, sino que varía en diferentes modos de pulsación, generando una eyección de masa de manera irregular que forma un disco. Este se llama disco de decreción porque la estrella lo forma de su propia masa, no lo acreta de otra estrella. Este disco aparece y desaparece en el tiempo en algunas estrellas Be; en otras permanece estable, y en algunas aparece uno mientras desaparece otro. No entendemos del todo la variabilidad porque hay demasiados tipos de evolución del disco y de variabilidad observada. Todas son estocásticas, pero algunas tienen erupciones o outbursts supremamente grandes y otras muy pequeñas. Una de las preguntas fundamentales del fenómeno Be es cómo se forma el disco; hay propuestas, pero aún no hay una teoría definitiva. Otra serie de preguntas abiertas es cómo evoluciona el disco, y qué factores afectan esa evolución y por qué en unas estrellas es estable y en otras cambia en escalas de tiempo corto o rápido… También se investiga si la metalicidad de la galaxia o de la región donde está la estrella influye en la formación y evolución del disco, para lo cual estudiamos cúmulos en diferentes partes de nuestra galaxia y en otras galaxias. Otra gran incógnita es si las estrellas Be nacen o se hacen en el camino. Una estrella Be es una estrella de tipo espectral B que presenta líneas de emisión de Balmer en algún momento de su historia, pero no se sabe si todas las estrellas B se vuelven Be, si sólo ocurre en algunas o si desde el inicio nacen con esa propiedad de eyectar masa. Esas son las preguntas fundamentales. Recientemente, mediante análisis de espectros en el infrarrojo, hemos confirmado correlaciones muy claras entre la variabilidad del disco en el infrarrojo y lo que se ve en el óptico. Están muy conectados, lo cual se esperaba, pero son observaciones recientes que lo confirman. Aún falta un montón por responder e investigar.
NM: Claro. Todos estos avances han venido acompañados del bum tecnológico que hemos vivido, en ese sentido me pregunto ¿Cómo ha transformado la tecnología tu campo de investigación?
BS: Ha cambiado muchísimo. Cuando arranqué mi doctorado en el año 2002, apenas empezaban a salir y a investigarse los datos en infrarrojo; antes de eso todo era en el óptico. También empezaban las investigaciones en rayos X. Veintitantos años después, las observaciones en infrarrojo siguen dando muchos resultados, pero se ha mejorado mucho en resolución y en las diferentes bandas que se pueden observar simultáneamente. Esto ha cambiado por completo la investigación. Los avances tecnológicos han sido enormes en la parte observacional, al igual que en rayos X, donde se han podido estudiar efectos directos de la evolución de estrellas Be en sistemas binarios. Además, los nuevos telescopios permiten obtener datos de estrellas Be en otras galaxias, lo que esperamos que a futuro nos dé más información sobre la metalicidad. En la parte computacional, el machine learning nos ha servido muchísimo; nos permite analizar montones de datos con mayor rapidez. Ya no hacemos catálogos por inspección visual o "a mano", sino que con estas técnicas los resultados se obtienen mucho más rápido, permitiendo explorar y minar los terabytes de datos que generan los nuevos telescopios. Tener muchos catálogos mejora la estadística de las estrellas Be. Como hay tanta diversidad y variabilidad, podemos empezar a clasificar por grupos y ver qué características predominan. Se nota bastante el efecto de la tecnología.
NM: Qué bueno que la tecnología, a este respecto, sea un apoyo legítimo. La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta muy poderosa para la astronomía.
BS: Sí, es demasiado buena.
NM: Cambiando un poco de tema, mirando hacia el futuro, ¿consideras que hay alguna pregunta importante en la astronomía en general, no necesariamente de tu campo, que consideres fundamental y que pueda transformar la ciencia?
BS: Una de las preguntas fundamentales en la ciencia y en la astronomía está relacionada con la materia oscura y la energía oscura. Responder eso cambiaría la historia de la ciencia, y aunque seguro surgirán más preguntas, tener claridad sobre cómo esto afecta la expansión del universo sería lo máximo. Muchos de los proyectos observacionales actuales apuntan a eso, como el telescopio James Webb o el Telescopio Extremadamente Grande (ELT) que están construyendo en Chile. También está el estudio de los sistemas de planetas extrasolares, que es un tema muy novedoso y llamativo, pero considero que la pregunta más relevante en este momento sigue siendo la de la materia y energía oscura.
NM: Agradezco tu respuesta, continuando por este hilo, ¿Hay algún área de investigación que consideres especialmente prometedora para los astrónomos que vienen en camino?
BS: Te daré una respuesta un poco romántica. La mayoría de los científicos hacemos esto por el conocimiento y el deseo de comprender el universo. En ese sentido, todas las áreas tienen su importancia. Incluso dentro de nuestro propio sistema solar hay demasiado por conocer, como el trabajo que hace Santiago Vargas respecto al Sol. Desde un punto de vista más pragmático, los planetas extrasolares son algo muy novedoso, al igual que el tema de las ondas gravitacionales. Si alguien quiere hacer algo nuevo y destacar, la expansión del universo y la cosmología son tópicos hacia donde está apuntando mucho la investigación. Sin embargo, lo importante para las nuevas generaciones es enfocarse en ser muy buenos en la parte computacional y en la astroestadística, porque esas serán las herramientas necesarias por muchos años, independientemente del área que elijan.
NM: Perfecto. Pensando en estas áreas y en la astronomía en general, ¿cómo has visto el crecimiento de esta disciplina en Latinoamérica y en Colombia? Desde tu experiencia, ¿has percibido un crecimiento gradualmente exponencial?
BS: No sabría decirte si exactamente exponencial, pero sí ha sido un crecimiento muy rápido y motivador para quienes hemos tenido la oportunidad de presenciarlo. Yo soy la primera mujer con doctorado en astronomía en Colombia, y hoy en día sé que somos muchas colegas doctoras trabajando en las universidades del país, además de todas las que están en el exterior haciendo ciencia y trayendo ese conocimiento de vuelta. El crecimiento en general ha sido impresionante. Quienes en nuestro tiempo queríamos ser astrónomos hoy estamos dedicados a esto y contribuyendo a la ciencia a nivel internacional. Hay una gran diversidad en áreas de investigación y en el trabajo que se hace en las universidades, ya sea como profesores de planta, de cátedra o en la divulgación. Es maravilloso ver que ahora tenemos estudiantes doctores formados en nuestro propio país que están haciendo sus posdoctorados en el exterior. Esto es una muestra de desarrollo en nuestro campo en Colombia sin precedentes.
NM: ¿Y cómo ves el futuro? ¿Crees que este comportamiento continúe? ¿Cómo ves el panorama del apoyo gubernamental a la astronomía y a la ciencia, tanto a nivel nacional como internacional?
BS: Hay dos puntos de vista. En cuanto al apoyo de los gobiernos, creo que se mantiene, pero hoy en día se exige mucho que la investigación sea aplicada directamente a la sociedad. En mi opinión, esto es un problema porque dificulta acceder a la financiación para la ciencia básica. Si estás investigando agujeros negros, no es fácil demostrar cómo eso soluciona los problemas inmediatos de una comunidad, lo que genera desmotivación entre los colegas que dejan de postular. Lo ideal sería financiar ambas cosas. Por otro lado, sigue habiendo mucho apoyo para la formación de estudiantes. Sin embargo, a nivel laboral la situación está más complicada debido a la falta de recursos y a las exigencias de financiación. A los estudiantes recién egresados del doctorado les cuesta mucho encontrar puestos de posdoctorado; cuando abrimos una plaza aquí en Colombia, postulan 20 o 30 personas, e imagínate en el exterior. También notamos cierta desmotivación en los jóvenes por las carreras académicas largas; prefieren carreras cortas o salir a trabajar en la ciencia de datos por el beneficio económico. Al final, la cantidad de personas que se quedan en la ciencia es menor y la motivación está bajando, lo cual no es un panorama tan positivo.
NM: ¿A qué crees que se deba este comportamiento social alrededor de la ciencia?
BS: Se discute que las nuevas generaciones están acostumbradas a la inmediatez, y una carrera científica es todo lo opuesto a eso. Por eso solo continúan los que son supremamente apasionados. Además, mucha gente entra a carreras como física motivada por videos de divulgación científica, que es esencial, pero a veces genera una visión equivocada de que la investigación es fácil y rápida. Los videos muestran los resultados finales en unos minutos, pero no muestran los 4 o 5 años de arduo trabajo que hubo detrás, ni la dura formación académica que se necesita (como cursar mecánica cuántica a nivel de posgrado). Al enfrentarse a la realidad en los primeros semestres, se desmotivan. Hemos hablado con divulgadores en la universidad para intentar mostrar también lo duro del proceso junto a lo bonito, para no tergiversar la idea.
NM: ¿Has visto estadísticas de deserción en las carreras científicas debido a esto?
BS: Sí, hay una clara evidencia. En la Universidad de los Andes tenemos un número alto de inscritos en física, pero muchos se retiran en los primeros semestres al ver que no era lo que esperaban. Esto es un fenómeno internacional; en reuniones con colegas de Europa y Estados Unidos vemos que está pasando exactamente lo mismo.
NM: Eso me lleva a profundizar en lo que mencionas. ¿Cuáles son los errores o concepciones erróneas más comunes que suelen tener las personas al acercarse por primera vez a estas profesiones?
BS: El principal error es pensar que es un camino fácil y rápido. Ves un video donde te muestran una investigación, pero omiten todo el proceso de años de esfuerzo porque los medios necesitan ser rápidos. La gente no calcula que se requieren años de investigación y una formación muy dura. Como mencionaba antes, ser astrónomo observacional no te exime de necesitar saber mecánica cuántica. El nivel de posgrado es exigente, y la perspectiva de pasar tantos años estudiando espanta a quienes no conocen esta realidad a través de la divulgación. Por eso buscamos que la divulgación cuente tanto lo hermoso como lo difícil de la carrera.
NM: Para contrastar ese panorama un tanto difícil de frente al lado gratificante, ¿qué es lo más satisfactorio de estudiar e investigar el universo?
BS: Para mí lo más gratificante es entender cómo funcionan las distintas partes de este universo. Cuando era niña miraba el cielo y me preguntaba cómo funcionaba; ahora poder decir que en muchos aspectos ya lo entiendo es una satisfacción personal enorme. Además, está la gratificación de enseñarlo a otros. Cuando ves a un estudiante hablar del tema y volverse más experto que tú, sientes que estás dejando un legado de conocimiento.
NM: Es una respuesta muy bonita, Beatriz; al final, ese es el fin del conocimiento: legarlo a las siguientes generaciones. Para cerrar, me gustaría que le dejaras un mensaje a los lectores de nuestra revista, teniendo en cuenta que muchos son jóvenes que sueñan con contribuir a este campo, o aficionados apasionados por la divulgación y por contemplar una noche estrellada.
BS: Para todos los amantes de la astronomía, ya sea desde la ciencia o la divulgación, lo más importante es nunca perder la pasión. En la vida siempre habrá desafíos que nos hagan dudar de lo que hacemos, pero hay que mantener esa motivación a lo largo del tiempo. La astronomía es la disciplina que más humildad nos enseña, recordándonos que no lo sabemos ni lo podemos todo. Estamos en el camino de contribuir; cada granito de arena, ya sea desde la astronomía aficionada (cuyos datos son sumamente valiosos) o desde el ejercicio profesional de lleno, es un aporte valioso para la ciencia y la humanidad. Nunca pierdan esa motivación.
NM: Te agradezco muchísimo por la entrevista, Beatriz. La edición saldrá la primera semana de agosto, así que te enviaré la transcripción previamente para que la revises. ¡Muchísimas gracias, un gusto conocerte!
BS: Igualmente, un gusto. Gracias por la entrevista y por la oportunidad; estamos disponibles para colaborar. ¡Que estés muy bien! Chao.
