La entrevista
Juan Camilo "Milo" Buitrago-Casas entre el laboratorio y el Sol
Milo Buitrago-Casas es uno de los múltiplos testimonios del talento científico colombiano en el exterior. Físico y Astrónomo de la Universidad Nacional de Colombia y Doctor en Física por la Universidad de California, Berkeley, se desempeña actualmente como investigador en el Space Sciences Laboratory (SSL). Su trabajo se sitúa en la intersección de la física solar y la ingeniería aeroespacial, diseñando los instrumentos que permiten a la humanidad "tocar" (explorar) el Sol a través de los rayos X que este emite frecuentemente. En esta entrevista para eSPECTRA, exploramos su trayectoria desde las aulas del OAN hasta los hangares de la NASA, y cómo su investigación protege nuestra civilización tecnológica de los caprichos del clima espacial.
Entrevistador: Nicolás Molina (NM)
Entrevistado: Juan Camilo Buitrago-Casas "Milo" (MC)
NM: Milo, es un gusto saludarte. Eres un referente del talento científico colombiano en el exterior. Creemos que a nuestros lectores les gustaría conocer tu trayectoria: ¿Cómo fue ese camino desde la Universidad Nacional hasta el lugar donde te encuentras hoy?
MC: Gracias, Nico, por la invitación. Me siento honrado de hacer parte de esta sección de la revista. Para no ir tan atrás, empecemos desde la Nacional, aunque no olvidemos que “todos somos el compilado de todas las experiencias que nos han ocurrido en la vida”. Haber llegado allá no fue gratis. Entré al programa de Física porque venía motivado desde el colegio por la idea de entender nuestro lugar en el universo. Esas grandes preguntas ya me las habían inculcado y quería profesionalizarme en un área que me permitiera seguir explorando por qué estamos aquí y hacia dónde vamos en este viaje cósmico. Al entrar me encontré con las materias usuales de matemática avanzada, muy diferentes a las del colegio.
A partir de mi tercer semestre corrí con un primer golpe de suerte derivado de una necesidad. Vengo de una familia normal, me crie en Bogotá pero toda mi familia es boyacense. Pasar de vivir en la casa a vivir en la universidad era un reto gigante; salía a las 6 a. m. para clases de 7 a. m. y regresaba a casa tipo 8 p. m. Poder tener con qué comer y para las fotocopias era difícil. En aquel entonces la universidad tenía un "bono alimentario", apliqué a la convocatoria para acceder a este y al final fui seleccionado; era un programa donde, a cambio de unas horas de trabajo, te daban el almuerzo. El lugar donde me asignaron fue la biblioteca del Observatorio Astronómico Nacional. Esa biblioteca ya no existe, pero era un lugar pequeño, lleno de libros de astrofísica en inglés. Como toda biblioteca, era callada y olía a libro viejo, algo que me fascinaba; era riquísimo estar allí. Fue mi segunda interacción con un profesor que sé, les ha cambiado la vida a muchas personas en el país: Benjamín Calvo, una de las personas que más ha contribuido al avance de la astronomía en la era moderna de Colombia. Él pasaba donde yo estaba sentado y me decía: "¿Qué muchacho, cómo va todo? ¿Qué anda estudiando?" Yo hacía tareas de variable compleja mientras no llegaba gente por libros a la biblioteca. Poco después, hubo una convocatoria para un congreso de la Sociedad Colombiana de Física y terminamos trabajando con el profe Benjamín en el estudio espectral de una estrella. Ese fue nuestro primer trabajo serio. El programa de bono alimenticio se acabó por un tiempo y salí del observatorio para sumergirme de lleno en las materias del pregrado. Allí descubrí otras ramas: física atómica, altas energías, partículas, cosmología y relatividad. Debo decir que tuve una época de "promiscuidad científica" donde me enamoré de todos esos temas. Fui de metiche, por chisme puro, a seminarios de física nuclear con Ramiro Cardona y otros grupos de investigación de la UNAL. Sin embargo, como dice el dicho, el buen hijo vuelve a casa. Al terminar la carrera debí escoger un tema de tesis y regresé con el profe Benjamín, con quien me sentía muy cómodo. Me propuso expandir un modelo teórico simplificado del interior del Sol, considerándolo como una secuencia de cascarones esféricos térmicos regidos por leyes polítropas. Así fue mi primer acercamiento a la astrofísica solar, un poco por serendipia.
NM: Tengo entendido que después del pregrado, hiciste la maestría en el Observatorio Astronómico Nacional, y que fue allí donde diste el salto a Berkeley. Háblanos un poco sobre ese proceso, que culminó con tu impulso en ese siguiente paso hacia la investigación doctoral.
MC: En la maestría varios fuimos muy inquietos, pero no genios. Nunca me consideré un estudiante excepcional de genialidad solitaria tipo Einstein; era más bien regular, genérico, pero muy inquieto. En la transición del pregrado conocí a Julián Alvarado, quien regresó a la universidad tras trabajar un tiempo —le pagaban por "echar Xbox"— y nos unimos. Ambos empezamos a hacer actividades voluntarias, sin crédito académico, reuniéndonos informalmente con chicos en etapas tempranas para echar cháchara de astrofísica solar. Esto se consolidó con la organización de la primera escuela de astrofísica solar en el país en 2012, una conspiración con el profe Benjamín, Juan Carlos Martínez y Julián Alvarado. Invitamos a líderes mundiales: Sam Krucker (Investigador Principal de STIX ), Stuart Bale (quien sería mi supervisor de doctorado y hoy lidera los procesos científicos de instrumentos adaptados a la sonda Parker y algunas misiones lunares) y Lindsay Glesener, que en ese entonces era estudiante de doctorado en Berkeley. Ese fue mi primer acercamiento serio a estudiar el Sol en altas energías. Fue Lindsay, junto a Sam y Juan, quienes me abrieron un espacio en Berkeley al terminar mi maestría. Mi primera vinculación fue como investigador junior calibrando detectores para un cohete. Lindsay me animó a aplicar al doctorado, algo que por nuestro contexto social uno a veces deja de lado antes de intentarlo. Entré a Berkeley, hice el doctorado, y ahora soy investigador científico asistente. Mis dos hogares académicos son la Universidad Nacional y el Laboratorio de Ciencias Espaciales en Berkeley.
NM: Gracias por ese contexto tan amplio sobre tu proceso de formación. Sigamos ahora con el contexto de la investigación como tal. Sabemos en la academia científica que la investigación tiene procesos muy complejos y difíciles. ¿en tu proceso hubo algún momento de incertidumbre o deseos de renunciar a lo largo de tu trayectoria?
MC: Esa es una muy buena pregunta. Desde afuera parece que la gente va montada en un tren donde todo funciona, pero nada más lejos de la realidad. La duda fue la constante. Desde el pregrado fue una oscilación: un día decía "esto me fascina" y al otro estaba tomando café con Castillito, mi gran amigo, diciendo "no servimos para esto, no vamos a transformar la Física". En el doctorado, las crisis académicas más intensas fueron los exámenes preliminares y de calificación. Me encanta el lema del observatorio: "con los pies en la tierra". Lo que me devolvía los pies a la tierra era evaluar qué es el éxito. El éxito no son los cartones pegados en la pared que se llenan de polvo; el éxito se construye, es un camino constante, no una llegada. Lo da el estar tranquilo y rodeado de gente que crece contigo. En mis momentos más profundos de crisis, mi mamá —que solo estudió hasta segundo de primaria— me decía: "Yo no tengo idea qué es eso que hace allá en Berkeley. A mí me importa que esté tranquilo y feliz. Si no lo está, pare". A ella no le importaba si yo era científico o cajero, solo quería verme bien. Eso me sacó adelante: volver a las raíces y retornar a esa idea fascinante de acercarse a una estrella que ya vino a nosotros para ser estudiada: el Sol.
NM: Hagamos un paréntesis; me da curiosidad tu pseudónimo. ¿Esa contracción de "Milo" viene de mucho tiempo atrás?
MC: Apareció al inicio del pregrado. Éramos unos 73 estudiantes y cuatro éramos muy pequeñitos. En la primera clase de álgebra lineal, el profesor dijo que estaba preocupado porque el curso era heterogéneo: atrás había "cuchos" que casi se graduaban de ingeniería y adelante cuatro pelados que "no han hecho la primera comunión". Esos cuatro nos volvimos muy amigos y Castillito (el profesor de álgebra lineal) me empezó a decir Milo. En ese entonces no era un apodo común para los Camilos en Colombia, pero me gustó tanto que lo adopté. De la cultura gringa me fascina que llamas a todos por su nombre o pseudónimo: Stuart, Lindsay, Sam, Milo. Se acabó la "doctoritis" y eso me encanta. De hecho, cuando me dicen Juan Camilo, siento que me están regañando.
NM: Hablemos de FOXSI, la misión en la que has participado activamente, y que tanto ha resaltado en los medios de comunicación y difusión de ciencia y en general, en Colombia. ¿En qué consiste tu trabajo?
MC: Mi trabajo se enmarca en entender las estrellas a través del Sol, tomándole "radiografías" en rayos X. Observar el Sol en rayos X no es nuevo, pero intentamos usar la mejor tecnología disponible para maximizar el entendimiento del problema. Berkeley lidera el esfuerzo de usar un telescopio de rayos X con enfocamiento directo. Como las lentes son difíciles para los rayos X, usamos espejos con geometrías de incidencia rasante para enfocarlos en un detector que mide energías y tiempos. FOXSI vuela a bordo de un cohete de sondeo de la NASA, que es básicamente un misil que se dispara verticalmente hasta los 350 km de altura. Durante seis minutos, el instrumento observa el Sol y luego cae en paracaídas para que lo recojamos en helicóptero. Mi vida profesional ha estado anclada a esto:
• FOXSI-1: Lo conocí cuando Lindsay estuvo en Colombia.
• FOXSI-2: Calibré detectores.
• FOXSI-3: Fue el centro de mi tesis doctoral, donde lideré la óptica.
• FOXSI-4: Fui científico líder por parte de Berkeley.
• FOXSI-5: Sirvo como Investigador Principal (PI). Creo que soy de los pocos latinos liderando una misión sonda de la NASA.
Estamos trabajando en técnicas de Machine Learning para anticiparnos a las explosiones solares, lo cual tiene impactos en el clima espacial. También lideré la integración de SHARP en el satélite PADRE (liderado por Juan Carlos Martínez), que estudia la polarización de los rayos X en las explosiones.
NM: Muchos astrónomos se centran en analizar datos, pero tú eres como un "artesano" que construye sus propios artefactos. ¿Qué puedes decirnos acerca de este rol en tu investigación en FOXSI?
MC: Los instrumentos pequeños (cohetes, globos, Cubesats) tienen un valor único. En los proyectos gigantes trabajas en un pedacito y es difícil tener una idea global de qué se construye. En los instrumentos pequeños todos tenemos una idea de lo que pasa a nivel global, solucionando problemas constantemente. Estos proyectos se parecen a un startup: hay urgencia de solucionar rápido y lo excelente es enemigo de lo bueno. Si hay que poner cinta para que funcione, se pone cinta. La formación de la Nacional y la calle me enseñaron a no tener asco de remangarme, tirarme al piso y desatornillar algo para encontrar soluciones rápidas. En el equipo humano de FOXSI, cuando hay un problema, todos aportamos. No solucionamos "a la loca" por el afán; nos sentamos todos a entender el problema, hacemos lluvia de ideas y trazamos un Plan A, B y C. El trabajo en equipo me motiva demasiado y ha sido fundamental para el buen desarrollo del proyecto.
NM: ¿Qué mensaje le darías a tu versión del pasado que apenas comenzaba el pregrado?
MC: Le daría dos mensajes. El práctico: “¡estudie inglés!”. Me ha costado mucho y todavía lo chapuceo. El inspiracional: “No se imagine todo lo que va a vivir; gócese cada instante y despreocúpese del futuro porque se va a sorprender. Todo va a estar bien”. Sobre el inglés, he concluido que hay tres niveles de juicio:
1. Uno mismo: Eres el que más palo se da y crees que hablas fatal.
2. Otros colombianos: Hay mucha criticadera y burla que genera un freno gigante por miedo a ser juzgado, es una cuestión cultural.
3. El resto de la humanidad: No les importa para nada si conjugas bien o mal; están genuinamente interesados en lo que dices y son muy pacientes. A los jóvenes les digo: no sean sus propios enemigos. No renuncien antes de aplicar. Muchos dicen: “¿Para qué le hago perder el tiempo al comité con mi aplicación?” ¡Postúlense! ¿Qué es lo peor que puede pasar? Que les salga y ya no tengan tiempo para nada más. Las tasas de aceptación son del 1 al 10%; hay que mandar cien aplicaciones para que salga una y ser resiliente al “no”.
NM: ¿Qué significa para ti seguir vinculado al Observatorio a través del grupo de investigación que fundaron anteriormente: el GoSA (Group of Solar Astrophysics), y tener la oportunidad de comunicar tus ideas en esta revista?
MC: Es la oportunidad de seguir conociendo gente buena y multidimensional. El OAN es una fábrica de personas con mucho talento. Es pasar la antorcha y hacer con los que están empezando lo que hicieron conmigo para hacerles la vida más fácil
NM: Juan Camilo, gracias por tu generosidad y por recordarnos que la ciencia es, ante todo, una labor humana. Ha sido un honor absoluto recorrer tu trayectoria. ¡Muchos éxitos en FOXSI-5 y en todo lo que venga!
MC: Gracias a ti, Nico. ¡muchas gracias, nos vemos!
Entrevistador: Nicolás Molina (NM)
Entrevistado: Juan Camilo Buitrago-Casas "Milo" (MC)
NM: Milo, es un gusto saludarte. Eres un referente del talento científico colombiano en el exterior. Creemos que a nuestros lectores les gustaría conocer tu trayectoria: ¿Cómo fue ese camino desde la Universidad Nacional hasta el lugar donde te encuentras hoy?
MC: Gracias, Nico, por la invitación. Me siento honrado de hacer parte de esta sección de la revista. Para no ir tan atrás, empecemos desde la Nacional, aunque no olvidemos que “todos somos el compilado de todas las experiencias que nos han ocurrido en la vida”. Haber llegado allá no fue gratis. Entré al programa de Física porque venía motivado desde el colegio por la idea de entender nuestro lugar en el universo. Esas grandes preguntas ya me las habían inculcado y quería profesionalizarme en un área que me permitiera seguir explorando por qué estamos aquí y hacia dónde vamos en este viaje cósmico. Al entrar me encontré con las materias usuales de matemática avanzada, muy diferentes a las del colegio.
A partir de mi tercer semestre corrí con un primer golpe de suerte derivado de una necesidad. Vengo de una familia normal, me crie en Bogotá pero toda mi familia es boyacense. Pasar de vivir en la casa a vivir en la universidad era un reto gigante; salía a las 6 a. m. para clases de 7 a. m. y regresaba a casa tipo 8 p. m. Poder tener con qué comer y para las fotocopias era difícil. En aquel entonces la universidad tenía un "bono alimentario", apliqué a la convocatoria para acceder a este y al final fui seleccionado; era un programa donde, a cambio de unas horas de trabajo, te daban el almuerzo. El lugar donde me asignaron fue la biblioteca del Observatorio Astronómico Nacional. Esa biblioteca ya no existe, pero era un lugar pequeño, lleno de libros de astrofísica en inglés. Como toda biblioteca, era callada y olía a libro viejo, algo que me fascinaba; era riquísimo estar allí. Fue mi segunda interacción con un profesor que sé, les ha cambiado la vida a muchas personas en el país: Benjamín Calvo, una de las personas que más ha contribuido al avance de la astronomía en la era moderna de Colombia. Él pasaba donde yo estaba sentado y me decía: "¿Qué muchacho, cómo va todo? ¿Qué anda estudiando?" Yo hacía tareas de variable compleja mientras no llegaba gente por libros a la biblioteca. Poco después, hubo una convocatoria para un congreso de la Sociedad Colombiana de Física y terminamos trabajando con el profe Benjamín en el estudio espectral de una estrella. Ese fue nuestro primer trabajo serio. El programa de bono alimenticio se acabó por un tiempo y salí del observatorio para sumergirme de lleno en las materias del pregrado. Allí descubrí otras ramas: física atómica, altas energías, partículas, cosmología y relatividad. Debo decir que tuve una época de "promiscuidad científica" donde me enamoré de todos esos temas. Fui de metiche, por chisme puro, a seminarios de física nuclear con Ramiro Cardona y otros grupos de investigación de la UNAL. Sin embargo, como dice el dicho, el buen hijo vuelve a casa. Al terminar la carrera debí escoger un tema de tesis y regresé con el profe Benjamín, con quien me sentía muy cómodo. Me propuso expandir un modelo teórico simplificado del interior del Sol, considerándolo como una secuencia de cascarones esféricos térmicos regidos por leyes polítropas. Así fue mi primer acercamiento a la astrofísica solar, un poco por serendipia.
NM: Tengo entendido que después del pregrado, hiciste la maestría en el Observatorio Astronómico Nacional, y que fue allí donde diste el salto a Berkeley. Háblanos un poco sobre ese proceso, que culminó con tu impulso en ese siguiente paso hacia la investigación doctoral.
MC: En la maestría varios fuimos muy inquietos, pero no genios. Nunca me consideré un estudiante excepcional de genialidad solitaria tipo Einstein; era más bien regular, genérico, pero muy inquieto. En la transición del pregrado conocí a Julián Alvarado, quien regresó a la universidad tras trabajar un tiempo —le pagaban por "echar Xbox"— y nos unimos. Ambos empezamos a hacer actividades voluntarias, sin crédito académico, reuniéndonos informalmente con chicos en etapas tempranas para echar cháchara de astrofísica solar. Esto se consolidó con la organización de la primera escuela de astrofísica solar en el país en 2012, una conspiración con el profe Benjamín, Juan Carlos Martínez y Julián Alvarado. Invitamos a líderes mundiales: Sam Krucker (Investigador Principal de STIX ), Stuart Bale (quien sería mi supervisor de doctorado y hoy lidera los procesos científicos de instrumentos adaptados a la sonda Parker y algunas misiones lunares) y Lindsay Glesener, que en ese entonces era estudiante de doctorado en Berkeley. Ese fue mi primer acercamiento serio a estudiar el Sol en altas energías. Fue Lindsay, junto a Sam y Juan, quienes me abrieron un espacio en Berkeley al terminar mi maestría. Mi primera vinculación fue como investigador junior calibrando detectores para un cohete. Lindsay me animó a aplicar al doctorado, algo que por nuestro contexto social uno a veces deja de lado antes de intentarlo. Entré a Berkeley, hice el doctorado, y ahora soy investigador científico asistente. Mis dos hogares académicos son la Universidad Nacional y el Laboratorio de Ciencias Espaciales en Berkeley.
NM: Gracias por ese contexto tan amplio sobre tu proceso de formación. Sigamos ahora con el contexto de la investigación como tal. Sabemos en la academia científica que la investigación tiene procesos muy complejos y difíciles. ¿en tu proceso hubo algún momento de incertidumbre o deseos de renunciar a lo largo de tu trayectoria?
MC: Esa es una muy buena pregunta. Desde afuera parece que la gente va montada en un tren donde todo funciona, pero nada más lejos de la realidad. La duda fue la constante. Desde el pregrado fue una oscilación: un día decía "esto me fascina" y al otro estaba tomando café con Castillito, mi gran amigo, diciendo "no servimos para esto, no vamos a transformar la Física". En el doctorado, las crisis académicas más intensas fueron los exámenes preliminares y de calificación. Me encanta el lema del observatorio: "con los pies en la tierra". Lo que me devolvía los pies a la tierra era evaluar qué es el éxito. El éxito no son los cartones pegados en la pared que se llenan de polvo; el éxito se construye, es un camino constante, no una llegada. Lo da el estar tranquilo y rodeado de gente que crece contigo. En mis momentos más profundos de crisis, mi mamá —que solo estudió hasta segundo de primaria— me decía: "Yo no tengo idea qué es eso que hace allá en Berkeley. A mí me importa que esté tranquilo y feliz. Si no lo está, pare". A ella no le importaba si yo era científico o cajero, solo quería verme bien. Eso me sacó adelante: volver a las raíces y retornar a esa idea fascinante de acercarse a una estrella que ya vino a nosotros para ser estudiada: el Sol.
NM: Hagamos un paréntesis; me da curiosidad tu pseudónimo. ¿Esa contracción de "Milo" viene de mucho tiempo atrás?
MC: Apareció al inicio del pregrado. Éramos unos 73 estudiantes y cuatro éramos muy pequeñitos. En la primera clase de álgebra lineal, el profesor dijo que estaba preocupado porque el curso era heterogéneo: atrás había "cuchos" que casi se graduaban de ingeniería y adelante cuatro pelados que "no han hecho la primera comunión". Esos cuatro nos volvimos muy amigos y Castillito (el profesor de álgebra lineal) me empezó a decir Milo. En ese entonces no era un apodo común para los Camilos en Colombia, pero me gustó tanto que lo adopté. De la cultura gringa me fascina que llamas a todos por su nombre o pseudónimo: Stuart, Lindsay, Sam, Milo. Se acabó la "doctoritis" y eso me encanta. De hecho, cuando me dicen Juan Camilo, siento que me están regañando.
NM: Hablemos de FOXSI, la misión en la que has participado activamente, y que tanto ha resaltado en los medios de comunicación y difusión de ciencia y en general, en Colombia. ¿En qué consiste tu trabajo?
MC: Mi trabajo se enmarca en entender las estrellas a través del Sol, tomándole "radiografías" en rayos X. Observar el Sol en rayos X no es nuevo, pero intentamos usar la mejor tecnología disponible para maximizar el entendimiento del problema. Berkeley lidera el esfuerzo de usar un telescopio de rayos X con enfocamiento directo. Como las lentes son difíciles para los rayos X, usamos espejos con geometrías de incidencia rasante para enfocarlos en un detector que mide energías y tiempos. FOXSI vuela a bordo de un cohete de sondeo de la NASA, que es básicamente un misil que se dispara verticalmente hasta los 350 km de altura. Durante seis minutos, el instrumento observa el Sol y luego cae en paracaídas para que lo recojamos en helicóptero. Mi vida profesional ha estado anclada a esto:
• FOXSI-1: Lo conocí cuando Lindsay estuvo en Colombia.
• FOXSI-2: Calibré detectores.
• FOXSI-3: Fue el centro de mi tesis doctoral, donde lideré la óptica.
• FOXSI-4: Fui científico líder por parte de Berkeley.
• FOXSI-5: Sirvo como Investigador Principal (PI). Creo que soy de los pocos latinos liderando una misión sonda de la NASA.
Estamos trabajando en técnicas de Machine Learning para anticiparnos a las explosiones solares, lo cual tiene impactos en el clima espacial. También lideré la integración de SHARP en el satélite PADRE (liderado por Juan Carlos Martínez), que estudia la polarización de los rayos X en las explosiones.
NM: Muchos astrónomos se centran en analizar datos, pero tú eres como un "artesano" que construye sus propios artefactos. ¿Qué puedes decirnos acerca de este rol en tu investigación en FOXSI?
MC: Los instrumentos pequeños (cohetes, globos, Cubesats) tienen un valor único. En los proyectos gigantes trabajas en un pedacito y es difícil tener una idea global de qué se construye. En los instrumentos pequeños todos tenemos una idea de lo que pasa a nivel global, solucionando problemas constantemente. Estos proyectos se parecen a un startup: hay urgencia de solucionar rápido y lo excelente es enemigo de lo bueno. Si hay que poner cinta para que funcione, se pone cinta. La formación de la Nacional y la calle me enseñaron a no tener asco de remangarme, tirarme al piso y desatornillar algo para encontrar soluciones rápidas. En el equipo humano de FOXSI, cuando hay un problema, todos aportamos. No solucionamos "a la loca" por el afán; nos sentamos todos a entender el problema, hacemos lluvia de ideas y trazamos un Plan A, B y C. El trabajo en equipo me motiva demasiado y ha sido fundamental para el buen desarrollo del proyecto.
NM: ¿Qué mensaje le darías a tu versión del pasado que apenas comenzaba el pregrado?
MC: Le daría dos mensajes. El práctico: “¡estudie inglés!”. Me ha costado mucho y todavía lo chapuceo. El inspiracional: “No se imagine todo lo que va a vivir; gócese cada instante y despreocúpese del futuro porque se va a sorprender. Todo va a estar bien”. Sobre el inglés, he concluido que hay tres niveles de juicio:
1. Uno mismo: Eres el que más palo se da y crees que hablas fatal.
2. Otros colombianos: Hay mucha criticadera y burla que genera un freno gigante por miedo a ser juzgado, es una cuestión cultural.
3. El resto de la humanidad: No les importa para nada si conjugas bien o mal; están genuinamente interesados en lo que dices y son muy pacientes. A los jóvenes les digo: no sean sus propios enemigos. No renuncien antes de aplicar. Muchos dicen: “¿Para qué le hago perder el tiempo al comité con mi aplicación?” ¡Postúlense! ¿Qué es lo peor que puede pasar? Que les salga y ya no tengan tiempo para nada más. Las tasas de aceptación son del 1 al 10%; hay que mandar cien aplicaciones para que salga una y ser resiliente al “no”.
NM: ¿Qué significa para ti seguir vinculado al Observatorio a través del grupo de investigación que fundaron anteriormente: el GoSA (Group of Solar Astrophysics), y tener la oportunidad de comunicar tus ideas en esta revista?
MC: Es la oportunidad de seguir conociendo gente buena y multidimensional. El OAN es una fábrica de personas con mucho talento. Es pasar la antorcha y hacer con los que están empezando lo que hicieron conmigo para hacerles la vida más fácil
NM: Juan Camilo, gracias por tu generosidad y por recordarnos que la ciencia es, ante todo, una labor humana. Ha sido un honor absoluto recorrer tu trayectoria. ¡Muchos éxitos en FOXSI-5 y en todo lo que venga!
MC: Gracias a ti, Nico. ¡muchas gracias, nos vemos!


